El sistema solar - (c) Kiku Piñol

El sistema solar

En cine, hablamos de películas de domingo tarde para referirnos a esos productos superficiales, entretenidos, que piden poco al espectador y que nos permiten pasar la tarde en el sofá leyendo la prensa o twitter o una novela de evasión mientras tenemos la sensación de estar haciendo “algo” y no solamente perdiendo el tiempo o vagueando, que es lo que hacemos y lo que queríamos hacer en primera instancia.

En teatro, este tipo de productos no acaban de cuajar. Y esto es porque al teatro vamos voluntariamente. Cuando vamos al teatro no esperamos poder estar ojeando la prensa o haciendo mentalmente la lista de la compra, queremos una historia lo bastante buena como para captar nuestra atención y que, aunque solo pretenda entretenernos, lo haga con cierto estilo.

Y ese es el problema de El sistema solar, que es como una película de domingo tarde que nos pilla en el teatro, sin poder hacer nada más que seguir una historia que no resulta especialmente interesante, con una dirección y unas interpretaciones que, por desgracia, no son nada del otro mundo.

El montaje tiene una virtud, no obstante. Si consigues no hacerte muchas preguntas sobre lo que estás viendo, resulta entretenido. Una escena lleva a la otra, el drama se complica de la manera previsible y el final resulta tan intrascendentemente ingenuo que puedes olvidarlo antes de cruzar la puerta de la sala de camino a la calle.

Por desgracia, poco más hay que destacar. La historia empieza haciendo alusión a una sesión de psicodrama o constelaciones familiares (una mujer, Aina Clotet, busca entre el público personas adecuadas para representar su drama; no hay de qué preocuparse, entre el público están los intérpretes de la obra), pero de esa sesión o esa terapia no volveremos a saber nada. Imposible discernir si lo que vemos en escena es lo que sucedió o lo que a la protagonista le hubiera gustado que sucediera, y en el fondo nos da igual. La historia no deja de ser una oda acrítica a la familia, una de esas historias que eleva el núcleo familiar a categoría de tesoro nacional aunque retrate un grupo de humanos que sin duda tendrían existencias más equilibradas si no se empeñaran en intentar recibir la aceptación de los demás.

El reparto hace un trabajo irregular y decepcionante que parece poco dirigido y al que no ayuda el hecho de que todas las escenas queden cortadas al final para cambiar de tema bruscamente.

No me habría sorprendido ver El sistema solar en alguna sala comercial presentado como lo que es, un entretenimiento intrascendente. Sorprende, en cambio, verlo en el Lliure de Gracia. Sin embargo, la venta anticipada (que casi agotó las entradas) demuestra que algo tenía la promoción que fascinó al público. Consolémonos con eso.

 

El sistema solar
Autoría: Mariana de Althaus. Dirección: Carol López. Intérpretes: Nausicaa Bonnín, Joel Bramona, Aina Clotet, Marc Clotet y Guillermo Toledo. Escenografía y vestuario: Jose Novoa. Maquillaje: Toni Santos. Iluminación: Mingo Albir. Retrato: Curra Martín. Ayudante de dirección: Anna Llopart. Ayudante de escenografía: Mercè Lucchetti. Ayudante de vestuario: Mercè Crespo. Alumno en prácticas de dirección del Institut del Teatre: Jaime A. Herrera. Producción: Teatre Lliure.
Sala: Teatre Lliure de Gràcia. Fecha: 29/03/2018. Fotografía: (c) Kiku Piñol.

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