Nosotros no nos mataremos con pistolas - (c) Teresa Juan

Nosotros no nos mataremos con pistolas

Confieso que iba a saltarme este espectáculo. Iba a hacerlo porque estos días no estoy muy de humor para ir al teatro y la verdad es que me estoy saltando muchas cosas en las próximas semanas bajaré un poco el ritmo, me tendréis que perdonar). Pero la recomendación unánime de un montón de personas cuya opinión respeto me empujó finalmente a salir de casa. Y voy a tener que darles las gracias a todos.

Nosotros no nos mataremos con pistolas aborda el tema de la insatisfacción de mi generación (los que estamos ya más cerca de los cuarenta que de los treinta), y lo hace a tumba abierta, sin el refugio del humor (como sabe hacer mejor que nadie Joan Yago) ni la coartada de tratar otros temas (como hace siempre magistralmente Llàtzer Garcia). La compañía valenciana Wichita Co – Tabula Rasa despelleja el dolor, la insatisfacción y las contradicciones de esa generación de gente que estudió y se esforzó con la promesa de llegar lejos y acabar teniendo una buena vida con empleos creativos y haciendo “lo que quisieran”. Y lo hace con empatía, pero sin piedad, poniéndole enfrente un espejo implacable y dejándola en cueros. El texto, de Víctor Sánchez Rodríguez, que también firma la dirección, ganó el Max a la autoría revelación en 2016, y con razón. 

Con la excusa de una comida para celebrar la virgen del Carmen, cinco amigos se reencuentran después de cinco años sin verse. Todos comparten un pasado de cuadrilla, esas adolescencias compartidas y mezcladas, intensas hasta la médula, que cuando pasan dejan cicatrices dolorosas como si en lugar de la adolescencia lo que hubieran vivido los implicados fuera una guerra. Aquellos adolescentes seguramente odiarían los adultos en los que se han convertido, pero, a pesar de todo, ninguno de ellos parece tener la fuerza, las ganas, ni el conocimiento para buscar un rumbo nuevo, para salir del brete. Así, el alcohol, las drogas y la autolesión física y emocional se convierten en el analgésico perfecto y la comida se acaba convirtiendo en una catarsis con banda municipal y procesión de fondo.

En escena, Román Méndez De Hevia, Laura Romero, Lara Salvador, Bruno Tamarit y Silvia Valero disfrutan y nos hacen disfrutar con un montaje que conocen al milímetro y que juegan hasta el límite. Un trabajo interpretativo magnífico en el que se ve la pátina del tiempo, esos trabajos asentados y fabulosos que, por la dificultad de que un espectáculo perdure, a menudo nos perdemos. Destacan en mi opinión Laura Romero, con su increíble trabajo de movimiento en su escena etílica a solas sobre la mesa,  y Silvia Valero, en el papel de la tía implacable que no lo es tanto.

A pesar de que el espectáculo podría durar algo menos (dos horas son excesivas en este caso), la impecable puesta en escena nos mantiene conectados impenitentemente a una historia que es un trago amargo y lúcido, que no propone solución ni consuelo y nos deja a solas con la pertinaz realidad para que nos apañemos con ella. Un montaje de lo más recomendable.

 

Nosotros no nos mataremos con pistolas

Compañía: Wichita Co – Tabula Rasa. Texto y dirección: Víctor Sánchez Rodríguez. Ayudante de dirección: Teresa Juan. Intérpretes: Román Méndez De Hevia, Laura Romero, Lara Salvador, Bruno Tamarit y Silvia Valero. Espacio escénico: Jennifer Pérez. Wichita Co. Iluminación: Ximo Rojo. Diseño de vestuario: Berta Cortina y Almudena González. Música: Jorge Pérez ‘Tórtel’. Espacio sonoro: Teresa Juan. Audiovisuales: Miguel Ángel Amores. Caracterización: Amparo Sánchez. Técnico: Andrés. Fotografías: Jennifer Pérez y Teresa Juan. Producción: Teresa Juan, Silvia Valero y Víctor Sánchez Rodríguez.

Sala: Teatre Tantarantana. Fecha: 04/10/2018. Fotografía: (c) Teresa Juan.

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