Himmelweg (Camino al cielo) - (c) Cristina Sánchez.

Himmelweg (Camino al cielo)

Con el retraso acumulado que llevo en el blog, había pensado en saltarme este montaje en concreto para volver al presente lo antes posible.

Sin embargo, una interesante conversación (en la que mi interlocutor y yo coincidimos tanto en la opinión sobre el montaje como en que ninguno de los dos habríamos ido a ver Himmelweg si no hubiera sido por las críticas entusiastas) me convenció de que valía la pena dedicarle unas líneas al tema.

El caso es que después de leer la sinopsis, Himmelweg no me había interesado demasiado. No me malinterpretéis, pero es que creo que ya he consumido toda la ficción sobre el Holocausto que necesito para el resto de mi vida. Pero el éxito y las críticas elogiosas me convencieron de comprar entradas en tiempo de prórroga.

Himmelweg se ampara en un suceso concreto para armar su relato. Se trata de la historia del campo de concentración de Theresienstadt, que fue visitado por miembros de la Cruz Roja en 1944. Todo cuanto estos vieron allí resultó ser mentira, una representación teatral a gran escala con la que los nazis intentaban convencer al mundo de sus bondades. Pero, obviamente, eso no lo supieron hasta más tarde.

Juan Mayorga (reciente Premio Nacional de Literatura dramática por otro texto) divide la obra en tres partes. La primera (y para mí, con diferencia, la más interesante) es un monólogo de la representante de la Cruz Roja engañada en la visita. Ella habla desde el presente e intenta analizar lo ocurrido. Este tramo del texto es interesante, explora los sentimientos de culpabilidad e impotencia de los espectadores contemporáneos al Holocausto y resulta francamente emotivo. Además, Patrícia Mendoza realiza una interpretación muy contenida e interesante.

A partir de este punto, viajaremos al pasado para ver los preparativos previos a la llegada de la Cruz Roja al campo. Veremos los ensayos de los presos (interpretados por marionetas de madera) y, finalmente, asistiremos a las conversaciones entre el nazi que dirige el campo y el judío elegido por éste para actuar como interlocutor con los presos/actores.Y es esta tercera parte la que, en mi opinión, no funciona. Llegados a este punto el texto no aporta nada nuevo o interesante al argumento de la maldad de los nazis y la indefensión de los judíos. El director del campo es, de hecho, un cliché: gritón, narcisista, histérico, completamente alejado de la realidad… La interpretación tampoco ayudó en este caso. Sin ningún tipo de progresión dramática, el actor (también director) optó por la opción de gritar todas sus frases y gesticular de manera exagerada. El texto se limita a dar vueltas y más vueltas a la idea de que todo lo relacionado con el Holocausto fue un auténtico horror para sus víctimas. El nazi deja de dar miedo para resultar directamente dantesco y la estampa del judío intentando implicar a la mayor cantidad de personas en la representación teatral para salvarlos de los hornos, recordaba demasiado a La lista de Schindler.

Salí muy decepcionada de la sala. Me pregunté si, tal vez, existe algún tipo de reparo a la hora de manifestar que una historia del Holocausto no nos ha gustado. Si, tal vez, nos da miedo que piensen que somos unos desalmados, o que alguien confunda nuestra opinión sobre una ficción con la que tenemos sobre los hechos históricos. Últimamente me da por pensar y creo que, a veces, confundimos continente con contenido.

 

Himmelweg (Camino al cielo) – Autor: Juan Mayorga. Director: Raimon Molins. Reparto: Patrícia Mendoza, Guillem Gefael i Raimon Molins. Sala: Sala Atrium. Fecha: 21/12/13. Fotografía: (c) Cristina Sánchez.

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