El alcalde de Zalamea - Teatre Lliure - (c) David Ruano

El alcalde de Zalamea

Si alguna vez alguien inventa finalmente la máquina del tiempo, me pido viajar a un corral de comedias del Siglo de Oro para ver algo de Calderón de la Barca o Lope de Vega tal y como lo veían sus contemporáneos. Siempre que veo algo suyo me fascina pensar lo bien que han envejecido sus historias y no puedo evitar pensar en el público de su tiempo, en cómo reaccionarían ante ellas. ¿Eran tan distintos a nosotros?

Pero mientras los científicos se ponen las pilas, por mí el Teatre Lliure puede seguir trayendo los montajes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Creedme si os digo que tardé un rato en caer en la cuenta que estaba escuchando verso. Así de bien lo decían, con naturalidad e intención, sin música ni cantinela ni aspavientos. Bien dicho, joder (y perdonad la vehemencia).

El alcalde de Zalamea trata temas tan actuales que podría haber sido escrita ayer mismo: violencia contra las mujeres, abuso de poder, corrupción política… Y la puesta en escena de Helena Pimenta se encargó de hacer hincapié en todos estos aspectos. También contribuyó a ello la excelente versión de Álvaro Tato, que dejó el texto en poco más de hora y media y consiguió así que el ritmo no decayera en ningún momento.

Sobre un escenario que recordaba tanto a un corral de comedias como a un lienzo (con referencias obvias a Velázquez o Tàpies), un reparto entregado estuvo más que a la altura de las circunstancias. Destacaron, cómo no, Carmelo Gómez y Joaquín Notario, en sus papeles de Pedro Crespo y Don Lope de Figueroa. Recio, orgulloso y serio el primero, cabreado y chulo el segundo. Ambos geniales en sus batallas dialécticas, tanto en la primera como en la segunda parte. El único pero del reparto serían Nuria Gallardo y Rafa Castejón quienes, a pesar de brindar excelentes interpretaciones, eran claramente mayores para interpretar el papel de hijos de Carmelo Gómez.

Mención aparte merece, en mi opinión, la preciosa iluminación de Juan Gómez Cornejo. Con un gran protagonismo de la luz lateral, los tonos y la textura que ofrecía daban una calidad casi pictórica al conjunto. Una maravilla. Tampoco puedo dejar de hablar de la música en directo. La cantante Rita Barber nos acompañó y añadió el dramatismo necesario a muchas escenas. Pocas veces he disfrutado tanto de la música de un montaje. Me encantó.

Lo he repetido bastante últimamente pero lo diré una vez más, las buenas adaptaciones de los clásicos son imprescindibles para resaltar su vigencia y permitir que autores de la calidad de Calderón de la Barca sigan interpelándonos  400 años después. Porque me temo que, en ese tiempo, poco hemos aprendido.

 

El alcalde de Zalamea

Autor: Pedro Calderón de la Barca. Versión: Álvaro Tato. Dirección: Helena Pimenta. Compañía Nacional de Teatro Clásico. Reparto: Blanca Agudo, Pedro Almagro, Francesco Carril, Rafa Castejón, Jose Carlos Cuevas, Alba Enríquez, Alberto Ferrero, Nuria Gallardo, Carmelo Gómez, Álvaro de Juan, David Lorente, Jesús Noguero, Joaquín Notario, Egoitz Sánchez, Clara Sanchis, Jorge Vicedo, Karol Wisniewski y Óscar Zafra. Cantante: Rita Barber. Guitarra: Juan Carlos de Mulder – Manuel Minguillón. Música en off: Daniel Bernaza, cornetto barroco, y Fratelli Mancuso, voces. Escenografía: Max Glaenzel. Vestuario: Pedro Moreno. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Selección y adaptación musical: Ignacio García. Coreografía: Nuria Castejón. Asesor de verso: Vicente Fuentes. Maestro de esgrima: Jesús Esperanza. Ayudante de dirección: Javier Hernández-Simón. Producción Compañía Nacional de Teatro Clásico. Con la colaboración de Loterías y Apuestas del Estado.

Sala: Teatre Lliure de Montjuïc. Fecha: 02/03/2016. Fotografía: (c) David Ruano.

 

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