Cabaret MACBA

Si hace unos años alguien me hubiera dicho que yo vería con estos ojos la proclamación de la República Catalana dudo mucho que le hubiera creído. Pero si, además, esa persona me hubiera explicado que el día que eso sucediera yo lo celebraría acudiendo por la noche a un cabaret de homenaje a Joan Brossa organizado por el MACBA y presentado por Merche Mar y la Terremoto de Alcorcón no habría dudado que tal persona no solo mentía sino que, además, iba borracha.

Pero, claro está, la realidad siempre supera a la ficción, de modo que así fue. El pasado viernes 27 de octubre a las 11 de la noche (y un poco más, porque la puntualidad no es virtud cabaretera) ahí estaba yo en el Convent dels Àngels con mis Martens de purpurina y una Estrella en la mano (que se convirtió en unas cuantas más merced a la barra libre y la euforia del momento) dispuesta a pasar una noche petarda, provocativa y sexy, que de eso va la cosa.

Y así fue, aunque el Cabaret pensado por Pablo Martínez y Jose Luis Villalobos (o, más bien, comisariado, que es el verbo que utilizan en el programa de mano y que a mí me arranca una sonrisa en este contexto) no dejó de ser una sucesión de números  eclécticos y cada uno de sus madres y de sus padres, cosido mediante la gracia y las tablas de dos vedetes como Merche Mar y la Terremoto, capaces de meterse al público en el bolsillo con solo pisar el escenario.

Los DECORUM en acción.

La noche empezó con el coro DECORUM, que llevó a cabo distintas performances a lo largo de la noche, todas inspiradas por Brossa, en las que jugaban con los sonidos y las acciones más o menos automáticas o espontáneas. Su primera actuación (y, para mí, la más divertida) consistió en el reparto de revistas porno vintage al público (a nosotros nos tocó una Vice con su precio impreso en la portada: 800 pesetas) seguida de una meditación zen que pasó a orgasmo y acabó en carcajada. Un buen punto de partida.

La primera parte (y es que, al final, el asunto se alargó 4 horas, hasta las 3 de mañana) arrancó con el cabaret más clásico, de la mano de un par de artistas octogenarios, Gilda Love y Juan de la Cruz, ambos tan entregados y profesionales como entrañables y tiernos.

Gilda Love.

La primera con su copla y sus batas de cola y el segundo con sus castañuelas, arrancaron los bravos más entusiastas y, por qué no decirlo, las deserciones de quienes no tenían muy claro, supongo, lo que habían comprado. A estos dos artistas se sumaron dos mujeres más jóvenes, Elsa de Alfonso, cantante de temas de inspiración ochentera, con una voz preciosa y un look muy de la movida, y Cuqui Jerez, una performer del absurdo que apareció en diversas ocasiones a lo largo de la noche causando mi más profunda admiración ante su capacidad de tomarnos a todos el pelo en vivo y en directo. Sus acciones al ritmo de pasodoble no solo eran inútiles sino que tampoco eran especialmente estéticas, pero permitían acudir a la barra a por más cerveza, lo que no es poca cosa.

Y, por fin, antes del final de la primera parte, Rodrigo Cuevas (si os suena el nombre es porque hace poco que os hablé de él aquí), que presentó una parte de su espectáculo El mundo por montera y consiguió que el público en masa se entregara a sus encantos cuando apenas habían sonado un par de acordes de su ukelele. Y es que Rodrigo tiene ese nosequé que unos llaman carisma y otros talento, que cuando sale a escena no puedes sino mirarlo y hacer lo que él pida. Sin preguntar.

Rodrigo Cuevas con su ukelele

Después del subidón con Rodrigo, media parte y la aventura de encontrar un baño en el que vaciar el exceso de cerveza en la vejiga. Como el Convent solo cuenta con 2 lavabos, y el líquido había corrido en abundancia, acabamos en el edificio de enfrente (unos urinarios públicos en los que nunca me había fijado) haciendo cola un buen rato. Por suerte, la organización lo tuvo en cuenta y no empezó la segunda parte hasta que todos hubimos visitado al señor Roca. Que dios los bendiga.

Y a la vuelta, el segundo plato fuerte de la noche, Pere Faura (de quien tengo pendiente ver su aclamada trilogía Sweet Suites, que me han recomendado hasta la extenuación) presentó su Bomberos con grandes mangueras, un espectáculo de danza en el que con la ayuda de un hula hop nos mostró la parte más aeróbica (y más cómica) del sexo. Me quedé con ganas de más, la verdad.

Pere Faura

La segunda sorpresa de la segunda parte fue Úrsula Martínez que, en menos de 5 minutos, sin mediar palabra y solo con un pequeño pañuelo rojo hizo una fusión de magia y striptease tan sorprendente como divertida. Una jefaza.

Y, para cerrar la noche, de nuevo Rodrigo Cuevas, que había dejado sus piezas más bailables para el final y nos despidió a ritmo de reguetón folklórico asturiano.

Las dos próximas semanas seguirá habiendo Cabaret en el Macba, aunque con distinto cartel. Creo que las entradas están agotadas pero, si podéis, os aseguro que es un auténtico planazo para un viernes noche.

 

La ficha de este espectáculo es tan complicada que he pensado que mejor os dejo aquí el programa de mano y le echáis una ojeada si os apetece.

Las fotos, de momento, son mías (y son un desastre) pero estaré atenta a las oficiales para poder cambiarlas en breve.

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